Cartas a Septiembre, Día 4: Una bicicleta o mil formas de morir con una sonrisa en la cara

Hola Septiembre,

Sólo va una semana y ya me atrasé con estas cartas pero cómo te explico? Estos últimos días he escrito cosas sin quedar satisfecha o sin querer compartirlas. Escribir te mata y te revive al mismo tiempo y hay que encontrar el balance para poder sostener el lapicero y seguir contando historias.

Hoy te voy a contar sobre mi bicicleta. Niña medio consentida que creció en Guatemala, nunca aprendí a caminar en la calle sin sentir que era un acto semi-suicida. Para los que no saben, en Guatemala casi no se camina en la calle. Carro, camioneta, taxi, moto, transmetro, loqueseamenoscaminar, eso es lo normal. No porque no nos guste, simplemente la ciudad no está diseñada para peatones pero eso es un tema para otro día.

Me tocó aprender rápido a caminar en la calle cuando me mudé por primera vez a Francia. Aprendí y me encantó. Los carros paran para que los peatones pasen y de verdad tenes espacio en las banquetas. Lo normal.

Ahora vivo en Dublín y me convencieron que la mejor forma de moverse era en bicicleta. Emocionada encontré una bici de segunda mano que estaba casi nueva, le compré dos candados porque también me convencieron que los ladrones de bicicletas están por todas partes en la ciudad. (Acto criminal, ese de robar una bicicleta).

Pensé que tener una bicicleta iba a ser divertido y útil y pues, ya.

En realidad es entrar en un mundo paralelo y me encanta.

Me sigo volviendo una bola de nervios por momentos. A quién rayos se le ocurrió que las bicicletas deben compartir el carril con los buses? Y no cualquier bus. En Dublín, los buses son de dos niveles y sentís que te persiguen y lo único que podes hacer es pedalear más rápido y rezarle al universo para que te no te aplasten.
Lo más raro fue acostumbrarse a ir a la izquierda porque en Dublin se maneja al revez. No es tan difícil pero me tomó un par de días acostumbrarme a que los carros siempre van a ir a tu derecha, te van a rebasar por la derecha, y lo mejor que podes hacer es pegarte lo más posible a las banquetas y pedalear rápido.

Con todo y buses y lluvia y ladrones de bicis,  me encanta andar en bicicleta.

Es ecológico, te pone las piernas firmes (aunque llegues sin aire al final de las subidas), es divertido, es rápido y lo mejor de todo es que podes rebasar a los lentos. Esa última es razón suficiente para comprarse una bici.

Mi apartamento queda a 7 minutos en bici de la universidad, del centro de la ciudad, de casi todas partes. Existe cierta simpatía con otros ciclistas. Como la mirada cuando los peatones se atraviesan y simplemente te ignoran y tenes que inventarte una manera de no aplastar a alguien y que no te aplasten a ti.

En otras noticias, ya conozco gente. La semana pasada tuvimos un montón de actividades y ya hice algunos amigos. El problema es que todos esperan que salga de fiesta todos los días como el resto y a mi simplemente no es lo mío. De vez en cuando, quizá. Pero de vez en cuando con buenos amigos y estando segura que voy a regresar temprano.
Si algo he aprendido estos últimos años es que no me tengo que doblar en mil pedazos para tratar de encajar en espacios o en grupos. Poco a poco se encuentran los espacios en los que te sentís más cómodo. Por ahora voy a hacer el esfuerzo y salir y tal vez hasta encuentre amigos que sean igual de viejos internamente.

Hasta la próxima!ststepfence

St Stephen’s Green Park, Dublin

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