Cartas a Septiembre 2016- Día 1: Metamorfosis

Querido Septiembre,

Hola de nuevo. Ironicamente, siento que hace años no nos vemos. Tengo una palabra para ti: Metamorfosis.

Este año fue eso, metamorfosis total.

Pasamos meses siendo la misma persona, diferentes versiones con mejoras y con errores que se acumulan, pero demasiado sutiles para que nos demos cuenta.

Y de la nada llega el momento, un clic que desencadena el efecto dominó de la metamorfosis, no siempre externa pero sí drástica, total.

Sabes que seguís siendo tú, la persona en el espejo es la misma pero por dentro no es igual, el centro no es el mismo, son las mismas piezas pero no puestas en el mismo orden.

De alguna manera sigo siendo la misma, aún me preguntan si soy mayor de edad en algunos lugares, sigo siendo terca, reservada, un poco loca.

Pero llegó un momento en el que enumeraciones y rimas ya no fueron suficientes para describir o para dibujar una identidad.

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Hay días en los que todos tus miedos salen de su escondite favorito y se paran en frente de ti obligándote a enfrentarlos de una vez por todas y sin excusas.

Llega el momento en el que esos miedos se meten dentro de ti y te hacen darte cuenta que ya no existe lo seguro,  que ya sos demasiado grande para aquellas excusas usadas y repetidas, esas excusas que ya no logras creerte.

Invité a todos mis miedos dentro, se diluyeron en mí.

El cambio no se siente hasta que es demasiado tarde para volver atrás.

Creo que ya se me olvido cómo regresar, no sé si quiero, no sé si queda algo allá que me sea indispensable para seguir. (Y no estoy hablando de un lugar, estoy hablando de una versión pasada de mí, a los lugares siempre se puede volver).

El secreto para seguir creciendo, es dejar ir. Dejar ir ideas en las que ya no creemos al cien por ciento, personas con las que ya no tenemos mucho en común, cosas que acumulamos porque eso hacemos los humanos: acumular cosas que no necesitamos y luego mortificarnos si nos toca dejarlas ir.Luces-2

Quizá se llama crecer, o talvez simplemente por fin aprendí a aceptarme por quién soy. Ya no me juzgo, ya no me juzgo, me acepto.

Estoy navegando un momento de mi vida que me transforma en nudo y me anestesia la garganta.

Ya no entierro los sentimientos, los gozo, los vivo, los dejo destruirme y volverme a armar. Unos días mejor que otras pero soy nueva en esto.

Querido septiembre, este año, tengo un propósito super abstracto, pero sin embargo muy claro. Voy a escoger meticulosamente qué se queda y qué se va. Qué merece mi tiempo y qué merece un simple “no”. Dedicarme únicamente a las pocas cosas que traigan más valor (Pareto para los que sepan un poco de economía), a eso que me hace más feliz, a todo lo que me haga crecer.

Y si eso significa decir adiós, decir que no, deshacerme de lo que no necesito, pues buenísimo, eso voy a hacer.

Me voy a concentrar, voy a darlo todo, y voy a estar presente.

Espero que no haya sido una carta muy abstracta septiembre, pero poco a poco te voy a explicar mejor.

Lucía.

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