Cartas a septiembre, día 23 -(un hogar dentro de mis huesos)-

Querido Septiembre, la carta de hoy es un pseudo poema-historia-consejo-lista-je ne sais quoi. Espero que te guste:

He construido un hogar dentro de mis huesos, huesos que están hechos de estrellas, de hierro, de miedo y de valor. –

Así sé que adondequiera que vaya siempre me sentiré como en casa.

No necesito de mucho para ser feliz:

-girasoles para no olvidar que si siempre veo la luz nunca veo las sombras.

-la luna para contarle mis secretos y leerle esas historias que no me atrevo a leerle a nadie más.

-un cuaderno para escribir y organizar. Para hacer listas e intentar convencerme que sé lo que estoy haciendo.

-Agua.

-Tres tipos de agua salada (lágrimas, mar y sudor)

-Tiempo sola con mis libros, mis ideas, mis monólogos, mis pinceles y una taza de té.

-Personas que no se quejen, creadores, soñadores, personas con ideas nuevas, sin miedo (o con el valor de admitir lo que les asusta). Luchadores que me inspiren. Personas que se muevan.

-Arte.

Amaneceres y atardeceres.

– Espacio para producir endorfinas, para correr, para saltar, para ponerme de cabeza y que nada más importe.

A veces pensamos que huyendo vamos a encontrar eso que tanto buscamos. Ése mundo en el que las personas son mejores y las oportunidades más grandes.
Para huir primero se necesita tener raíces que cortar. A veces huir se siente bien porque te recuerda que siempre se puede empezar de nuevo. Pero para huir necesitas dejar que las raíces crezcan primero, si no esperas lo suficiente, huir no se siente igual.
Si algo he aprendido de haber jalado la vida desde las raíces, es que no importa a dónde vayas, que tan lejos huyas, o que tanto querrás cambiar, nunca podes liberarte de ti mismo.
Y esa es una buena y una mala noticia.
Es mala porque si no nos esforzamos se convierte en prisión.

Es buena porque sólo depende de ti: hacer que tus huesos no se conviertan en un lugar sin salida.
Decorar tu interior y volverlo acogedor, quizá poner cojines y una candela en cada rincón.
Si logras estar en paz con lo que hay dentro de tu cabeza, con el ritmo en el que tu corazón late, con esas cosas raras que algunos llaman “sentimientos”, si logras aceptar todo esto, entonces no importa en qué lugar estés.

No importan las circunstancias, no importan las críticas, no importan los límites que alguien que no es ni mejor, ni más inteligente que tú, decida imponerte.

Así que te recomiendo que vayas buscando un par de cojines, algunas candelas, y muchos girasoles: es hora de decorar el interior.

Hasta la próxima septiembre… 

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