Cartas a Septiembre- Días 12,13,14 (sobre cuentas regresivas y jarabe para la tos)

Querido Septiembre,

Yo se, yo se, no te he escrito en los últimos días. He estado enferma y ocupada y cansada. Estar enferma es probablemente de las cosas más molestas que me pueden pasar. Salir a comprar mi propia medicina a la única farmacia que abre los domingos, hacer mi propia sopa, tener que ir a clases y seguir como si nada, tomar el té con miel y limón ( aunque de eso último no me quejo).

A pesar de sentir que estos últimos días los pasé como flotando sobre todo lo que tenía que hacer, han sido buenos días. He conocido nuevas personas, mis proyectos van tomando forma, ya me acostumbré a mi rutina de no parar.

Es difícil escribirte algo todos los días y quedar convencida con el producto final, sabías septiembre. Podría escribirte sobre cualquier cosa realmente, sobre las reuniones que tuve hoy planeando eventos, o sobre las cosas que tengo que comprar en el super, o sobre la clase de cycling a la que fui después de mi clase de contabilidad, o sobre el clima extraño que se pone frío y después sale el sol y después llueve (razón por la cual estoy enferma).
Podría escribirte sobre la degustación de vinos a la que voy mañana, o pedirte ayuda para responder correos y terminar mis trámites.
Te escribo cartas porque es increíblemente liberador el saber que no esperas nada en específico, saber que puedo hablar de cualquier cosa o de nada. El no saber si sabías que yo existía antes de empezar a recibir mis cartas. Sobre todo, el saber que no importa lo que pase, diga lo que diga, o piense lo que piense, en doce meses vas a estar de regreso y voy a poder leer estas cartas y acordarme exactamente de lo que pasó contigo éste año.
Te escribo para no olvidar.

Hay algo que me gusta de ti, septiembre, y es que no sos un mes de cuenta regresiva.
Déjame explicar.
En diciembre contamos los días para Navidad, para año nuevo, para las vacaciones. En febrero contamos los días para que termine el invierno, en junio para que llegue el verano, en mayo para que terminen los exámenes, en julio para regresar a casa, en agosto para no regresar a mi otra casa, en noviembre para encontrar a alguien con quién compartir la soledad. Pero tu, septiembre, tu no nos das tiempo de perder el tiempo esperando por tiempos mejores. Tu demandas toda nuestra atención y nos obligas a estar presentes y atentos. Probablemente soy la única loca que piensa en estas cosas pero me alegra que exista algo que nos obligue por una vez a estar concentrados y que no nos de la opción de cambiar de canal o de poner pausa.

Me disculpo si esta carta no tiene mucho sentido, septiembre, pero esta va más dedicada a mi que a ti.

Espero que mañana mi creatividad se refresque y te pueda escribir algo más emocionante.

Hasta la próxima…

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