Esto de ser adulto, o al menos pretender serlo…

Esto de ser adulto se vuelve complicado, y divertido, y confuso, y emocionante, todo al mismo tiempo. A veces siento que la palabra me queda demasiado grande. A las cuentas y a las cosas por hacer les da lo mismo si estás lista o no.

Otras veces me queda bien. Como tus jeans preferidos. Esos días en los que de alguna manera, sorprendente logro despertar temprano sin problema, la motivación fluye natural y si no hay sol afuera, me vuelvo mi propio sol. Voy tachando cosas de mis mil y un listas y el día avanza a mi ritmo.

Vale la pena, esto de ser adulto (o al menos pretender que lo soy). Vale la pena. Nada le gana a ese momento cuando estás en un tren camino a una nueva aventura, y el tiempo lleva un ritmo que solo puede llevar si se va en un tren. Demasiado rápido, y demasiado lento. Paisajes desfilando frente tus ojos: distraídos. Es el ritmo perfecto para soñar despierta. Imaginarse finales felices, finales diferentes, caminos utópicamente interesantes. Es un gran alivio saber que la magia de los viajes en tren siempre estará ahí, disponible para cuando me falte un poco de motivación y un toque de imaginación. Es un tipo de magia que se puede guardar para después. Como hoy por ejemplo, llevo tres horas estudiando matemáticas en la biblioteca y me quedan otras cinco por delante.

Quizá ser adulto es esto: encontrar un balance entre la magia y el trabajo duro. Tener suficiente motivación e inspiración guardada dentro de ti para moverte y lograr las metas más locas.

Esto de ser adulto, o pretender serlo, se vuelve divertido cuando te das cuenta de la libertad que resulta de todo la experiencia. La libertad de decidir cada momento lo que vas a hacer, o no hacer. Una libertad que también da miedo, porque te pega de frente, te das cuenta que al final todo depende de ti, y de nadie más.
En los multiples días de crisis existencial, sólo queda cerrar los ojos, respirar profundamente, y confiar completamente en ti. Decirte que todo lo que sos es todo lo que necesitas, y darle. No dudar, ignorar la voz en tu cabeza que sugiere que no lo vas a lograr, y probar.

Te vas a caer, probablemente te va a doler, pero también te vas a levantar. Y quién sabe, la próxima vez quizá vas a volar.

Una estación cerca de Toulouse

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