Pequeña reflexión sobre las sonrisas.

No se pueden borrar sonrisas del corazón. Las sonrisas sinceras, las sonrisas que cubrieron lágrimas, las sonrisas que nacieron “sin querer”. Se quedan en la memoria, para siempre. Para cuando necesitemos recordar. Están ahí como recurso infinito de alegría. Son recuerdos que guardamos preciosamente y que, sin darnos cuenta, regresan a la superficie en el momento más inesperado, y traen consigo lo que saben hacer mejor: una nueva sonrisa.

🙂

 Aquel viaje en tren.

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